Tú, el olor de la tierra mojada, la brisa plena esa que le canta al mar o a las montañas.

     El trance, el yo de otra tierra de otro universo posiblemente hasta de otra esfera, los días tranquilos, son los días en los que te miro, aunque son pocos. Me gusta tu risa y tus charlas largas en las que me desconecto del mundo y me entrego a ti, en donde le haces el amor a mi mente. También me gusta el café pero no más que el café claro y soleado de tus ojos, me gusta verte correr aunque mi andar sea más pausado y lento, aunque haya llegado mucho tiempo después. 
     
     Me gusta la vida rara, si, diferente a la tuya, me agrada lo incierto lo ficticio los pingüinos en combo por ejemplo. Me gusta el jazz y el soul porque riman exactamente con el movimiento sutil y lujurioso de tu cadera, me gusta tu andar galáctico y tu sonrisa trepidante esa que me hace volar a un plano inexistente en esta contaminada circunferencia. Me gustan las películas ficticias también la adrenalina, esa que mayormente siento cuando te veo, me gusta el sol en tus mejillas y los risos de tu cabello, ademas de eso me gusta lo que soy yo a tu lado. Me gusta esto aunque no parece correcto, aunque es impreciso, imprudente e inestable. Me gusta el paradigma de tus besos, tú, el olor a la tierra mojada y la brisa del mar en mi rostro cuando te pienso.

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